Siempre estuvo ahí la respuesta, pero recién la ví clara hace unos días. No creo ser la única que siempre tiene el ojo puesto en su ego para asegurarse que se quede bajo control. Siempre quiere tomar el control. De repente, no te das cuenta, y regresa la importancia de lo que otros piensen sobre ti. De repente olvidas preguntarte qué es lo que tú quieres y un porcentaje de tus decisiones, tus palabras y tus acciones las maneja un eco externo.
Pero dejemos al ego tranquilo. Sólo quería compartir una receta. Sólo tiene un ingrediente, se puede hervir, freir o poner crudo en el plato. No existe posiblidad alguna de empache. Mientras más se utilice, mejor.
AMOR.
una cucharadita, un tazón, cuatro puñados, un océano de amor. El amor le rompe los esquemas al ego. Hablo de amor en cualquiera de sus formas.
El amor propio, el amor a los amigos, a la familia, el enamorarse.
Cuando uno se quiere lo suficiente, se acepta tanto que no necesita que nadie más lo acepte. El eco desaparece. No hay necesidad de aprobación. El ego se queda sin voz, sin chamba y sin patines.
Cuando uno quiere a alguien, resulta imposible cuantificar lo que uno da. Por más que uno trate, no se puede. No importa si se da mucho, si se escribe mucho. Se pierde el miedo a la vulnerabilidad y al rechazo. Cuando aprendemos a dar con libertad le desarmamos los esquemas al ego.
Tal vez éste no sea un descubrimiento grande para nadie más que para mí. Yo siento haber redescubierto la pólvora.
Saturday, September 3, 2011
Ojos que caminan y pies que miran
Qué rico es ser turista de tu propia ciudad. Caminarla con otros ojos dejando que una buena conversación o una buena secuencia de canciones en el playlist la hagan más chiquita. La pena es que esperamos que alguien de afuera venga de visita para hacerlo. Siempre que me pongo la camiseta de guía turística recuerdo lo delicioso de esta ciudad caótica y llena de sorpresas. Me dejo llevar por los pasos sin rumbo y aparecen sorpresas por el camino: un nuevo café, una muestra de arte, un amigo que no veías hace tiempo, la Costa Verde más verde. La rutina nos amarra a nuestras sillas y olvidamos que los televisores son objetos sin vida. Empoderamos a las famosas sobre mesas y olvidamos que esas conversaciones pueden hacerse en el camino. Dejamos de respirar aire de afuera. Construímos un cordón umbilical imaginario con el contacto de nuestro carro. Nos acomodamos tanto dentro de nuestra propia ciudad que olvidamos su presencia. Es ahí cuando es necesario hacerse extranjero. Hay que abrir los ojos y volver a mirar. Porque cuando uno olvida lo que hay en su ciudad, olvida una parte importante de uno mismo. Podría sonar dramático, pero caminar dos días de arriba para abajo tan sólo por el Centro de la Ciudad y Miraflores me ha dejado los pies cansados pero el corazón contento. La ciudad siempre respira. Siempre crece. Siempre muta. Debemos mantener su ritmo y nuestros pasos nómades que buscan nuevas rutas todo el tiempo. Cada uno de nosotros es una ciudad en sí misma que también debe caminarse y recaminarse y recaminarse. Cada uno tiene sus propias esquinas, calles y atajos que al dejar de ser recorridos, desaparecen. De repente empezamos a creer que somos aburridos. Nada de eso señores, a caminar!
Tuesday, August 30, 2011
Jodorowski hablando de cambios y más
¨En el momento que hacemos algo que nunca hemos hecho antes, ya estamos en el camino de la curación. Cuando rompemos los hábitos, aparece una nueva dimensión de nosotros mismos. La sociedad nos pone un molde. Cuando nos salimos del molde, comienza la curación... y cuando se hace algo nuevo que nunca ha hecho antes, el sujeto vuelve a interesarse por el mundo... y ahí nace la poesía.¨
(http://www.youtube.com/watch?v=Sm8xAlFF18c&feature=related
¨Para cambiar, hay que querer cambiar. Creer que se puede cambiar. Aceptar los cambios que nos da este nuevo conocimiento... Hay pánico a cambiar. Tenemos que estar en peligro para decidir cambiar. El yo se destroza. Hay pánico. Luego todo se transforma.¨
(http://www.youtube.com/watch?v=bZt4v4UIdv0&feature=related
(viene a Lima en setiembre...)
(http://www.youtube.com/watch?v=Sm8xAlFF18c&feature=related
¨Para cambiar, hay que querer cambiar. Creer que se puede cambiar. Aceptar los cambios que nos da este nuevo conocimiento... Hay pánico a cambiar. Tenemos que estar en peligro para decidir cambiar. El yo se destroza. Hay pánico. Luego todo se transforma.¨
(http://www.youtube.com/watch?v=bZt4v4UIdv0&feature=related
(viene a Lima en setiembre...)
Wednesday, August 24, 2011
Ojos de perejil
Subestimamos el poder de nuestra mirada. Hablo de la mirada que realmente observa. No de esa que no ve realmente nada y no escucha realmente nada. Ese es el piloto automático y un tema que podría ocupar más líneas que pestañas de los ojos.
Hablo de la mirada que se observa a sí misma. Esa que mira a los ojos. La que escoge un punto, lo observa, lo vuelve a mirar, tanto que ya nada más importa. Esa es una mirada que se conecta con la mente.
Alerta. Una mirada doble filo.
Tenemos una herramienta disponible. La posiblidad de enfocarnos. De traernos de vuelta a este planeta y a este tiempo real. Una lupa para ver lo bonito de la vida y lo bueno de las personas. Un boleto directo a ser más felices. Una puerta abierta a un minuto de descanso.
Pero la señora mirada generalmente opta por ver lo que no está ahí: lo ausente, lo incompleto, lo chueco, el tráfico. Y de repente, todas esas imperfecciones se hacen cada vez más y más grandes. De repente, sólo eso es lo que miramos. Los colores se fueron al fondo. Salta a la vista el perejil del diente y dejamos de ver la sonrisa.
En todo caso, es bueno estar conscientes del poder que tiene nuestra mirada. Cuando elegimos mirar algo, le damos poder. No sólo hablo de cosas físicas. Elegimos observar algo dentro nuestro. Tanto, tanto que se hace grande grande. Tenemos que entrenarnos una y otra vez para ser nosotros mismos los que nos empoderamos, y ya no, los que nos debilitamos con autocríticas. ¿Hasta cuándo vamos a amarrarnos los pasadores de un zapato con los pasadores del otro y quejarnos porque el camino tiene huecos?
Has un experimento: hoy, cuando camines por la calle, mira los árboles. Mira todo lo verde que sea una planta. El jardín, alguna maceta, la lechuga del almuerzo, por qué no, el perejil en el diente de alguien.
En cuestión de minutos, te aseguro que Lima la gris se hará verde.
Que hoy sea un bonito día verde.
Sunday, August 21, 2011
Incoherencias de domingo en la noche
La vida es de locos. Siempre ha sido de locos. Siempre va a ser de locos. Y sólo para los locos es que la vida funciona y en abundancia.
El tiempo se nos pasa mientras buscamos caminos en líneas rectas. Con suerte podremos convertirnos en buenos tiradores de flechas y confiar en nuestra puntería. Aún así, siempre hay viento y pájaros que aparecen en el camino para robarse una flecha. Nuestros anhelos son sólo un punto dentro de millones de puntos que nos anhelan a nosotros.
Todo es cambiante, incoherente, tan perfectamente impredescible. Nosotros cambiamos todo el tiempo, somos incoherentes, somos perfectamente impredescibles. Grave error olvidar que el espejo no tiene memoria y que cada día nos viene con un pasaporte nuevo. Podemos decidir ser o dejar de ser cada día. Y en ese momento en que despertamos y nos miramos al espejo, está la vida, detrás de la cortina del baño, esperando nuestro decreto de lunes.
Cada día es un lunes disfrazado de martes, viernes o domingo. Me lo susurró la vida al oído el otro día mientras me tomaba un café que olía a VIVE. Lo encontré en un sobrecito al costado del sobrecito de splenda. Realmente creo que allá arriba, montada sobre una nube, la vida se ríe de nosotros y se pregunta con cierta melancolía en qué momento empezamos a confundir la risa y la sonrisa. Le frustra no comprender por qué nos gustan las corbatas y los tacos.
La vida podría ser algo así como un científico loco jugando con hilos de los que mueven marionetas. Ahí hay alguien tratando de enseñarnos a caminar sueltos de huesos mientras nosotros insistimos en querer marchar como soldados. Y en la marcha aparecen huecos, caminos sin salida, llaves amarillas que caen del cielo, lluvia para calmar la sed, se nos hace un nudo entre los pasadores, cruza un nómade que te regala un plátano, el reloj marca el mismo número varias veces, la radio nos canta una canción que resuena. La vida nos sorprende todo el tiempo y sigue echando raíces sobre su sillón esperando que la sorprendamos. Pero los días pasan y no dejamos de clavar los ojos en el tic tac del reloj.
El tiempo se nos pasa mientras buscamos caminos en líneas rectas. Con suerte podremos convertirnos en buenos tiradores de flechas y confiar en nuestra puntería. Aún así, siempre hay viento y pájaros que aparecen en el camino para robarse una flecha. Nuestros anhelos son sólo un punto dentro de millones de puntos que nos anhelan a nosotros.
Todo es cambiante, incoherente, tan perfectamente impredescible. Nosotros cambiamos todo el tiempo, somos incoherentes, somos perfectamente impredescibles. Grave error olvidar que el espejo no tiene memoria y que cada día nos viene con un pasaporte nuevo. Podemos decidir ser o dejar de ser cada día. Y en ese momento en que despertamos y nos miramos al espejo, está la vida, detrás de la cortina del baño, esperando nuestro decreto de lunes.
Cada día es un lunes disfrazado de martes, viernes o domingo. Me lo susurró la vida al oído el otro día mientras me tomaba un café que olía a VIVE. Lo encontré en un sobrecito al costado del sobrecito de splenda. Realmente creo que allá arriba, montada sobre una nube, la vida se ríe de nosotros y se pregunta con cierta melancolía en qué momento empezamos a confundir la risa y la sonrisa. Le frustra no comprender por qué nos gustan las corbatas y los tacos.
La vida podría ser algo así como un científico loco jugando con hilos de los que mueven marionetas. Ahí hay alguien tratando de enseñarnos a caminar sueltos de huesos mientras nosotros insistimos en querer marchar como soldados. Y en la marcha aparecen huecos, caminos sin salida, llaves amarillas que caen del cielo, lluvia para calmar la sed, se nos hace un nudo entre los pasadores, cruza un nómade que te regala un plátano, el reloj marca el mismo número varias veces, la radio nos canta una canción que resuena. La vida nos sorprende todo el tiempo y sigue echando raíces sobre su sillón esperando que la sorprendamos. Pero los días pasan y no dejamos de clavar los ojos en el tic tac del reloj.
feliz día del niño
Algo que aprendí de los niños que han aparecido en mis clases.
1. escuchan mucho más que los adultos.
2. se ríen cuando se caen.
un buen día para tropezar con alegría y abrir las orejas.
1. escuchan mucho más que los adultos.
2. se ríen cuando se caen.
un buen día para tropezar con alegría y abrir las orejas.
Sunday, August 14, 2011
reflexión dominguera
Siempre que digo que dicto clases de yoga los domingos a las 11am me creen chiflada. En realidad, me sorprendo cada día más de lo mucho que disfruto dar una clase de domingo. Hoy fue una bonita clase. 22 personas. De todas las edades. Alumnos nuevos, otros ya con más experiencia, un par de profesores... todos apretados y sonrientes. Yo sonreía con ellos.
Al salir de la clase, subí a mi carro imaginé a cada uno llegando a su casa. Los imaginé comprando algo de comer en la calle. Los imaginé con sus familias y en sus trabajos a primera hora del lunes. Imaginé 22 cuerpos bien estirados, 22 corazones más contentos. Imaginé 22 cabezas descansando tranquilamente sobre almohadas un domingo en la noche. Los imaginé, por un sagundo, interactuando con ellos mismos y con otros. Imaginé que de sus bocas saldrían palabras más amables, o tal vez saldrían menos palabras y más silencios pacientes.
Y no voy a mentir, me sentí bien. Porque sentí que lo hago, tiene sentido. Di gracias por poder hacerlo. Y poder hacerlo en un día domingo. Poder cambiar el mundo de varias personas un domingo. Su mundo interno y el mundo que los rodea. No aspiro a grandes cambios. Sólo un mejor humor y unos hombros más relajados... Hoy recordé por qué me gusta tanto dictar yoga. Aprendo mucho al dar. Y en agradecimiento, quería compartirlo.
Siempre fui de las que quería cambiar el mundo con cosas grandes. Creo que todos los soñadores anhelamos con un gran proyecto que ayude a miles, o diseñar un colegio para muchos niños, por qué no, encontrar la cura para una gran enfermedad. Pero por ver tan lejos, dejamos de ver el impacto de nuestras acciones chiquitas. Sigo convenciendome una y otra vez que uno contribuye con ayudar al mundo un corazón a la vez. Sólo basta alegrarle el día a una persona. Porque esa persona tendrá la posiblidad de contagiar la energía a otra. El efecto dominó sigue y todos seríamos un poquito más felices.
Y el punto de partida está en uno. Eso ya es un hecho científico comprobado. Sólo me falta encontrar números y de esos dato que llenan las expectativas del ego.
El otro día alguien me la puso clarísima cuando me dijo...
Si tienes un polo blanco y te salpicas algo sobre la tela blanca. Hay una mancha. La vez en el espejo. ¿Acaso la mancha se va si limpias el espejo? Creo que nos pasamos la vida tratando de limpiar nuestro polo en otros espejos. La solución es más simple. Es cuestión de sacarte el polo, lavarlo hasta borrar la mancha y ponértelo de nuevo.
Vivimos criticando a otros sin darnos cuenta que lo que estamos criticando son nuestras propias manchas no resueltas. Si no las reconociéramos, no las veríamos. Vivimos rodeados de espejos con pies, brazos, ojos, orejas y boca. Cada segundo es una posiblidad de cambiar el mundo. Y podemos comenzar con las palabras mágicas que los niños aprenden. Sí. Un gracias. un de nada. un buenas noches. un qué rico café. un te quiero. un abrazo. una sonrisa. un silencio comprensivo. un... un... un... un....un... y así los dominos van avanzando.
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