Los domingos tienden a ser días en los que el cuerpo se mueve despacio... Pero la mente salta de atrás para adelante, anticipa a la semana, planifica, quiere hacer mucho y no llega a hacer nada.
En honor al domingo que puede ser un día para hacerlo todo y no hacer nada, un día híbrido, camaleónico, montaña-rúsico y hasta cierto punto cómico por ser bizarra mente familiar y solitario... Los dejo con uno de mis textos favoritos de los últimos meses. Y doy gracias a este espacio porque tipearlo me ayuda a recordarlo... despacio.
Despacio
"Una propuesta para nuestros tiempos rápidos es ir despacio. Despacio, poco a poco, constantemente. Porque no tener tiempo es como no tener nada. Y porque ir despacio no significa no llegar, sino llegar de la mejor manera posible, elegir hacer pocas cosas, que es una buena manera de hacer alguna de verdad.
Hacer despacio lleva a olvidar los pasos que anticipan las conductas, los caminos de la memoria, para habitar lugares intermedios llenos de vida y de sorpresas. Cuando se sienten estos lugares, hay que detenerse, llenar(se) de sensaciones y emociones, para no convertirse en un robot animado sólo de eficacia.
Aprender despacio significa aprender hacia adentro, reconocerse en los demás y en lo que te rodea, como algo tuyo, que permanece. Por eso, la emoción es un momento de vida compartida, donde tú eres el otro o lo otro, donde tu cuerpo queda suspendido en el tiempo.
Moverse despacio lleva a pensar(se) despacio. Y cuando piensas despacio, todo es nuevo, todo aparece por primera vez, nace y muere ene el instante, que es lo único a lo que perteneces. Aparecen, entonces, los sentidos, aparece el cuerpo, la vida, escuchas a los hombres y a los pájaros, a los árboles y los colores.
Despacio no quiere decir lento. Es más bien el límite entre lo rápido y lo lento. Un lugar donde puedes estar sin estar del todo. Donde puedes sentir las energías de los lugares y los dioses que habitan en ellos.
Despacio, la vista fija atención en los matices, en lo que no se ve si no se mira, que es lo que más importa. Se puede, a la vez, escuchar, oler, sentir los cambios de temperatura o la caricia del viento. Despacio como el calor que proyecta el sol durante su movimiento, despacio.
Ir despacio. Hacer despacio. Aprender despacio. Moverse despacio. Pensar despacio. Escuchar despacio. Sentir despacio. Proyectar despacio... Ser arquitecto es mi manera de estar solo, despacio."
Muchas gracias a Alberto Morell, arquitecto.
Sunday, August 19, 2012
Friday, August 17, 2012
Namaste
Somos muchos cuerpos en un sólo cuerpo y muchas personas dentro de una misma.
Los roles que jugamos en el día a día... El yo que llevamos a la oficina, el que sentamos a comer con la familia, el que ríe con los amigos y se apoya en su pareja, el que metemos a la ducha o acostamos sobre la almohada. El que sueña. El que aterriza.
Más allá de nuestra identidad (aunque no creo que exista tal etiqueta como algo rígido y estático) todo el tiempo asumimos roles en el entorno en el que estamos. Es algo así como los zapatos que decidimos usar por donde vamos. Somos una superposición de cuerpos físicos, emocionales, espirituales que tejen nuestra complejidad como seres humanos.
Cuando uno se convierte en su propio observador llega a ver detrás de esa lupa de inspector que no siempre habitamos el mismo cuerpo. A lo largo del día, hay momentos en los que andamos más en nuestra mente, o en nuestro cuerpo, o nos perdemos en nuestras emociones... Saltamos de un cuerpo a otro como quien salta de un a balsa dentro de muchas otras balsas sobre un mismo río. Y es muchas veces de ese saltar de balsa a balsa, de ese ir y venir de un cuerpo al otro de donde nace el conflicto porque las cosas dentro de nosotros mismos no fluyen en una misma dirección. Y si dejamos un pie en cada balsa éstas pueden alejarse tanto que caemos al agua.
¿Algún eco en lo que digo?
"Mi cuerpo quiere algo y mi mente no lo permite. No entiendo por qué siento lo que siento. Mis puños se ponen duros porque no puedo controlar las lágrimas. Odio mi trabajo pero no puedo dejarlo. De repente... me río sin saber por qué."
Cuerpo mental fluye hacia un lado, cuerpo físico hacia otro, cuerpo emocional salta y nos paralizamos, nos quedamos estáticos, porque no sabemos qué queremos, quienes somos. Uno entra en trompo. Nos cuesta fluir porque cuando uno fluye, fluye en cuerpo, en mente, en espíritu en una sola dirección y de repente todas esas etiquetas y fragmentaciones de lo que somos, lo que otros creen que somos, lo que queremos ser y lo que los otros quieren que seamos... desaparecen. (Leer "Flow. The Psychology of Optimal Experience" de Mihaly Csikszentmihalyi)
Pasamos mucho tiempo del día, o muchas vidas, viviendo en desorden interno sin percibirlo. Intentamos avanzar en entropía. No s'ólo avanzar, sino correr. Nos apresuramos a tomar decisiones, decir si, o no, sacar conclusiones. Las buenas decisiones toman como premisa el silencio, la unidad. Todas las demás se desarman rápido porque el mismo desorden que las construye, las destruye. No se sostienen porque sus cimientos no nacen de un solo suelo.
Para mí, el principal rol que cumple el yoga es alinear todos nuestros cuerpos (yoga significa unión). Es un medio para poner orden y simplificarnos. No es fácil meditar (yoga es meditación en movimiento) porque tenemos una naturaleza acostumbrada al desbalance y en desorden interno. Cambiar hábitos es una chamba de hormiga. Los retos siempre asustan. Alcanzarlos, aunque sea por un segundo, empodera.
Cuando uno cierra los ojos para meditar, o comienza a fluir de una postura de yoga a otra, puede observar cómo de repente, de pensar en tu rodilla comienzas a pensar en algún recuerdo. Una inhalación y saltas al pasado, una exhalación y viajas al futuro.... cómo cuesta mantenerse presente en un solo lugar. Uno se enfrenta a su propia fragmentación. El yoga se convierte en tu propio espejo.
Se asocia la meditación (el yoga es meditación en movimiento) con poner la mente en blanco. Prefiero verlo como una distancia que permite mirar todas esas nuestras partecitas para recomponerlas, reinventarnos y vivir más cómodamente dentro de nuestros propios zapatos. No es un proceso fácil. Hay días en los que uno llega a sentirse dentro de una batalla en contra de su personalidad y su cuerpo. Todo lo contrario: es una batalla por nuestra personalidad.
Uno se esfuerzas porque el resultado te acerca a ti. A tu yo que es sólo uno. Regresas a hacer vasija que lo sostiene todo. La mejor versión de ti mismo. De repente te haces al mismo tiempo emoción, músculos, neuronas, flor, agua, tus padres, tu niñez, tus amigos, aire y fuego. Aparece un yo como un universo completo y balanceado en donde entra también todo el universo donde ese yo vive.
Muchas clases de yoga terminan con la expresión Namaste. Muchos creen piensan que es un hola, un chau, un buenos días, un que estés bien... Namaste significa "Yo conozco lo divino en ti, en mí y en el universo, y es por eso que todos somos uno."
Namaste hace referencia a ese sentimiento de estar en casa. Y una vez que uno encuentra su hogar dentro de uno mismo, siempre anhela regresar. Es por eso que algunos intentamos meditar o practicar yoga a diario. Para hacernos uno... y como uno solo, poder caminar en paz dentro de un mundo ya fragmentado que busca fragmentarnos. Eso debilita, cansa, aturde, aburre, estresa y nos enferma.
"When you are aligned, you become effortlessly powerful."
Los roles que jugamos en el día a día... El yo que llevamos a la oficina, el que sentamos a comer con la familia, el que ríe con los amigos y se apoya en su pareja, el que metemos a la ducha o acostamos sobre la almohada. El que sueña. El que aterriza.
Más allá de nuestra identidad (aunque no creo que exista tal etiqueta como algo rígido y estático) todo el tiempo asumimos roles en el entorno en el que estamos. Es algo así como los zapatos que decidimos usar por donde vamos. Somos una superposición de cuerpos físicos, emocionales, espirituales que tejen nuestra complejidad como seres humanos.
Cuando uno se convierte en su propio observador llega a ver detrás de esa lupa de inspector que no siempre habitamos el mismo cuerpo. A lo largo del día, hay momentos en los que andamos más en nuestra mente, o en nuestro cuerpo, o nos perdemos en nuestras emociones... Saltamos de un cuerpo a otro como quien salta de un a balsa dentro de muchas otras balsas sobre un mismo río. Y es muchas veces de ese saltar de balsa a balsa, de ese ir y venir de un cuerpo al otro de donde nace el conflicto porque las cosas dentro de nosotros mismos no fluyen en una misma dirección. Y si dejamos un pie en cada balsa éstas pueden alejarse tanto que caemos al agua.
¿Algún eco en lo que digo?
"Mi cuerpo quiere algo y mi mente no lo permite. No entiendo por qué siento lo que siento. Mis puños se ponen duros porque no puedo controlar las lágrimas. Odio mi trabajo pero no puedo dejarlo. De repente... me río sin saber por qué."
Cuerpo mental fluye hacia un lado, cuerpo físico hacia otro, cuerpo emocional salta y nos paralizamos, nos quedamos estáticos, porque no sabemos qué queremos, quienes somos. Uno entra en trompo. Nos cuesta fluir porque cuando uno fluye, fluye en cuerpo, en mente, en espíritu en una sola dirección y de repente todas esas etiquetas y fragmentaciones de lo que somos, lo que otros creen que somos, lo que queremos ser y lo que los otros quieren que seamos... desaparecen. (Leer "Flow. The Psychology of Optimal Experience" de Mihaly Csikszentmihalyi)
Pasamos mucho tiempo del día, o muchas vidas, viviendo en desorden interno sin percibirlo. Intentamos avanzar en entropía. No s'ólo avanzar, sino correr. Nos apresuramos a tomar decisiones, decir si, o no, sacar conclusiones. Las buenas decisiones toman como premisa el silencio, la unidad. Todas las demás se desarman rápido porque el mismo desorden que las construye, las destruye. No se sostienen porque sus cimientos no nacen de un solo suelo.
Para mí, el principal rol que cumple el yoga es alinear todos nuestros cuerpos (yoga significa unión). Es un medio para poner orden y simplificarnos. No es fácil meditar (yoga es meditación en movimiento) porque tenemos una naturaleza acostumbrada al desbalance y en desorden interno. Cambiar hábitos es una chamba de hormiga. Los retos siempre asustan. Alcanzarlos, aunque sea por un segundo, empodera.
Cuando uno cierra los ojos para meditar, o comienza a fluir de una postura de yoga a otra, puede observar cómo de repente, de pensar en tu rodilla comienzas a pensar en algún recuerdo. Una inhalación y saltas al pasado, una exhalación y viajas al futuro.... cómo cuesta mantenerse presente en un solo lugar. Uno se enfrenta a su propia fragmentación. El yoga se convierte en tu propio espejo.
Se asocia la meditación (el yoga es meditación en movimiento) con poner la mente en blanco. Prefiero verlo como una distancia que permite mirar todas esas nuestras partecitas para recomponerlas, reinventarnos y vivir más cómodamente dentro de nuestros propios zapatos. No es un proceso fácil. Hay días en los que uno llega a sentirse dentro de una batalla en contra de su personalidad y su cuerpo. Todo lo contrario: es una batalla por nuestra personalidad.
Uno se esfuerzas porque el resultado te acerca a ti. A tu yo que es sólo uno. Regresas a hacer vasija que lo sostiene todo. La mejor versión de ti mismo. De repente te haces al mismo tiempo emoción, músculos, neuronas, flor, agua, tus padres, tu niñez, tus amigos, aire y fuego. Aparece un yo como un universo completo y balanceado en donde entra también todo el universo donde ese yo vive.
Muchas clases de yoga terminan con la expresión Namaste. Muchos creen piensan que es un hola, un chau, un buenos días, un que estés bien... Namaste significa "Yo conozco lo divino en ti, en mí y en el universo, y es por eso que todos somos uno."
Namaste hace referencia a ese sentimiento de estar en casa. Y una vez que uno encuentra su hogar dentro de uno mismo, siempre anhela regresar. Es por eso que algunos intentamos meditar o practicar yoga a diario. Para hacernos uno... y como uno solo, poder caminar en paz dentro de un mundo ya fragmentado que busca fragmentarnos. Eso debilita, cansa, aturde, aburre, estresa y nos enferma.
"When you are aligned, you become effortlessly powerful."
Wednesday, August 15, 2012
Atención - Intención - No Tensión
Tres palabras que no sólo riman... sino que se acompañan, se complementan, se jalan la una a la otra en conflicto hasta alcanzar un balance.
A veces caminamos y caminamos en círculos dispersos. Caminamos por las calles de la ciudad, por los espacios de nuestra casa, por los rincones de nuestra mente. Caminamos sin saber qué buscamos. A veces, ni siquiera sabemos si estamos buscando. Es un ir y venir que se conecta con parte de nuestra esencia nómade o tal vez con ese estado inconsciente nuestro que deja de estar con los pies sobre esta tierra y simplemente se pierde entre pensamientos, pasado, futuro, nubes de ideas, recuerdos de personas, sueños. A mí me pasa mucho. De repente, pasaron unos minutos, a veces unas horas y estuve por algún lado haciendo algo que no recuerdo o tal vez que no era ¨importante¨ (lo pongo entre comillas porque si me pongo a definir lo que considero que es importante comenzaría a vagabundear y caer en esos pasos dispersos que acabo de describir).
Creo que esos movimientos del cuerpo y la mente entrópicos, desordenados, son saludables. No siempre podemos estar enfocados. No siempre podemos saber lo que estamos buscando. Inclusive, muchas veces son esos momentos o esas etapas en las que nos sentimos sin rumbo las que nos llevan a una puerta.
Atención. De repente, algo me interesa. Algo causa en mí curiosidad. Algo me impulsa a acercarme. Mis pensamientos y mis pasos comienzan a tener un sentido más claro. Veo un camino que quiero explorar. Me empuja la curiosidad, la intuición, tal vez el aburrimiento o la necesidad de llenar un vacío. De repente, siento el paso del tiempo. Observo, me pregunto, observo, me pregunto... será esto lo que quiero?
Intención. Respondo sí. Esto es lo que quiero. Pongo los ojos en un punto fijo. Alineo mis pasos, levanto la mirada y camino. Al caminar descubro. Los miedos me frenan, las dudas me pueden hacer perder el balance, los recuerdos de lo que queda atrás y las expectativas de lo que debería venir por delante te llevan a puntos estáticos. Yo mismo convierto ideas en piedras en un zapato del que sólo yo soy responsable porque sólo en mi cabeza existe. Algunos opinan, pero en realidad, somos nosotros mismos los que cargamos la mochila, el cuello, los músculos de la cara y comenzamos a correr hacia una meta que nosotros mismos pusimos creyendo que se nos escapa.
No tensión. Respira. eso es falso. Falso. Lo verdadero, lo que realmente anhelas y amas, prevalece. Nada va demasiado rápido ni demasiado lento. Todo tiene su ritmo. Aligero mis pasos sin dejar de sentir el suelo y el aire. Sin dejar de respirar. Sin poner el cuerpo tieso como un pedazo de madera. Balance es mitad fuerza y mitad flexibilidad. Cada músculo mío que trabaja hace que otro opuesto se relaje. Cada palabra de yo si puedo viene acompañada de un quédate tranquila. Mitad enfoque y mitad desenfoque.
Tener una intención sin poner tensión, siempre prestando atención. Qué bonito suena. Puede ser simple si lo manejamos con precisión de cirujano. Y ese trío trabaja en cada postura de yoga que uno practica y en cada reto que uno asume como propio. Hay una línea muy delgada entre la determinación y la tensión. Cuando queremos controlar todo, no podemos controlarnos ni a nosotros mismos. Cuando soltamos demasiado, perdemos oportunidades. Cuando le ponemos ganas a lo que hacemos y confiamos, las cosas pasan de la manera que debe darse. Atenta. Intento. Confío y suelto una cometa amarilla al cielo.
Creo que esos movimientos del cuerpo y la mente entrópicos, desordenados, son saludables. No siempre podemos estar enfocados. No siempre podemos saber lo que estamos buscando. Inclusive, muchas veces son esos momentos o esas etapas en las que nos sentimos sin rumbo las que nos llevan a una puerta.
Atención. De repente, algo me interesa. Algo causa en mí curiosidad. Algo me impulsa a acercarme. Mis pensamientos y mis pasos comienzan a tener un sentido más claro. Veo un camino que quiero explorar. Me empuja la curiosidad, la intuición, tal vez el aburrimiento o la necesidad de llenar un vacío. De repente, siento el paso del tiempo. Observo, me pregunto, observo, me pregunto... será esto lo que quiero?
Intención. Respondo sí. Esto es lo que quiero. Pongo los ojos en un punto fijo. Alineo mis pasos, levanto la mirada y camino. Al caminar descubro. Los miedos me frenan, las dudas me pueden hacer perder el balance, los recuerdos de lo que queda atrás y las expectativas de lo que debería venir por delante te llevan a puntos estáticos. Yo mismo convierto ideas en piedras en un zapato del que sólo yo soy responsable porque sólo en mi cabeza existe. Algunos opinan, pero en realidad, somos nosotros mismos los que cargamos la mochila, el cuello, los músculos de la cara y comenzamos a correr hacia una meta que nosotros mismos pusimos creyendo que se nos escapa.
No tensión. Respira. eso es falso. Falso. Lo verdadero, lo que realmente anhelas y amas, prevalece. Nada va demasiado rápido ni demasiado lento. Todo tiene su ritmo. Aligero mis pasos sin dejar de sentir el suelo y el aire. Sin dejar de respirar. Sin poner el cuerpo tieso como un pedazo de madera. Balance es mitad fuerza y mitad flexibilidad. Cada músculo mío que trabaja hace que otro opuesto se relaje. Cada palabra de yo si puedo viene acompañada de un quédate tranquila. Mitad enfoque y mitad desenfoque.
Tener una intención sin poner tensión, siempre prestando atención. Qué bonito suena. Puede ser simple si lo manejamos con precisión de cirujano. Y ese trío trabaja en cada postura de yoga que uno practica y en cada reto que uno asume como propio. Hay una línea muy delgada entre la determinación y la tensión. Cuando queremos controlar todo, no podemos controlarnos ni a nosotros mismos. Cuando soltamos demasiado, perdemos oportunidades. Cuando le ponemos ganas a lo que hacemos y confiamos, las cosas pasan de la manera que debe darse. Atenta. Intento. Confío y suelto una cometa amarilla al cielo.
Tuesday, July 17, 2012
Mente y Conciencia
Encontrar esta imagen fue para mí una foto de ese diálogo -a veces lucha, a veces juego, a veces relación de amigos, y otras veces relación de víctima y victimario o de complicidad- entre dos voces que llevamos dentro, mente y conciencia. Prefiero no decir cuál creo que es cuál, porque incluso entre ellas cambian roles. Eso sí, la conciencia a veces se esconde, pero nunca se disfraza porque ella misma es luz y la luz no tiene formas.
... y si no se entiende nada de lo que digo, por lo menos los dejo con una bonita foto.
... y si no se entiende nada de lo que digo, por lo menos los dejo con una bonita foto.
Tuesday, June 12, 2012
El paradigma de romper paradigmas
A veces hay cosas que no sabemos que sabemos hasta que algo, una imagen, un momento, nos revela un conocimiento interior. A mí me pasó eso hoy con una flor. Se le llama chabelita. 
De lejos, siempre había visto estas flores como fuertes porque crecen en todos lados. Andan en grupo aglomeradas en macetas o arbustos. Nunca había tratado de arrancar una. Le pedí disculpas a una, a la que estaba junto a ella y a otra más allá y fui armando un ramito de flores recursero para la casa.
Me sorprendió darme cuenta que para cada flor habían muchas hojas - demasiadas hojas. Sólo de cerca uno se da cuenta de la fragilidad de la flor que cuelga de un tallito delgadísimo acompañado de muchas hojas.
El brote de algo bonito está acompañado de mucho trabajo, de buenos cimientos, de un proceso que en algún momento, algún día, algún año o alguna vida da frutos o flores. ¿Adónde está la relación entre una flor y un paradigma?
En palabras simples, para mí, un paradigma es una idea construida y preconcebida de cómo deberían ser las cosas. Es un molde que quiere ser llenado. Es expectativa -muchas veces hererada, otras veces construida- que queremos convertir en realidad. No me opongo a los paradigmas, pero creo que las letritas que dicen ¿por qué? en la última página del manual (porque hay manuales para ser un buen profesional, un buen padre, un buen hijo, una buena pareja, un profesional exitoso... etc) nuestra sociedad las ha borrado.
Y dentro de tantos paradigmas, existe el famoso y muy de moda paradigma de romper paradigmas: lo dejas todo para irte al Tibet, renuncias a tu trabajo tirando la puerta al salir, sales del closet o decides mudarte a otro país repentinamente... pero esos cambios son sólo el primer paso para romper un paradigma. Si un paradigma crece adentro nuestro en el tiempo, con las conversaciones, con la cultura y la influencia de nuestro entorno no puede desaparecer tan rápido. Romperlo es un trabajo de arqueólogo, hormiga, ciego y sordo porque siempre regresa la duda a pisarnos los talones y cuestionar si realmente queríamos ir al Tibet, si la chamba era tan mala o si el lugar dónde estaba antes era tan malo.
Y comienza la destrucción del paradigma y la construcción de una identidad propia, única, irreplicable. Un producto del que sólo nosotros poseemos los derechos de autor. Que nadie más puede comprender del todo porque el barco se va armando mientras lo navegamos por olas grandes, chiquitas, lagos y charcos hasta llegar a la tina de nuestra cada en donde nos bañábamos cuando éramos niños. Los paradigmas nos envejecen. Madurar es regresar a nuestra esencia de niños.
Paradigma y dogma tienen sonidos parecidos. El paradigma está cargado de imágenes que hemos ido colgando en la pared de nuestro corazón y nuestra imaginación. Sacar esos cuadros a veces puede ser doloroso. Pero luego aparece la pared blanca y limpia.... y sonríes. Detrás de un paradigma que elegimos importar hay anhelos y deseos propios que no queremos dejar del todo. Por eso, rechazarlo por completo resulta también una opción fácil.
Aceptar al 100% es lo mismo que descartar al 100%. Ambas opciones son absolutas. Lo fascinante de los seres humanos es su individualidad, sus incoherencias, sus relativos, y todo aquello que los hace personas de carne y hueso reales y no encajonados como estatuas para ser colgados en alguna pared de retratos importantes. Realmente creo que los mejores retratistas del mundo son los niños. Ellos sí que reflejan lo que somos más allá de nuestros huesos, piel y pies.
Uno no rompe un paradigma... lo va dejando atrás. Y mientras más vivimos creyendo en un paradigma o en una imagen construida de quiénes debemos ser, más frágil es el nuevo camino que seguimos lejos de él. Como el tallo de esa flor que fácilmente se desprende si no se le trata con cuidado. Una verdad profunda que descubrimos en nosotros es algo que tenemos que proteger con muchas fuerzas de vientos y opiniones externas que hablan desde sus propios paradigmas. Muchas veces, la luz de una vela necesita que la tapemos con las manos.
Creo que ayuda comprender que lo que hacemos no es lo que nos define. Nosotros ya estamos definidos desde que pusimos un pie en el mundo como seres perfectos y llenos de potencial. Lo que hacemos o dejamos de hacer es tan sólo aprendizaje. Nuestros logros y nuestros errores son el mismo tipo de aprendizaje que no nos da ni nos quita valor agregado, porque no hay nada dentro nuestro que falte o que sobre. Todo está ahí y lo ha estado siempre. Llegamos a este mundo libres y estamos hechos para ser libres.
¿Y qué paso con la chabelita? Ya ni sé, pero de todas formas, le doy las gracias por haber aparecido en mi martes.

De lejos, siempre había visto estas flores como fuertes porque crecen en todos lados. Andan en grupo aglomeradas en macetas o arbustos. Nunca había tratado de arrancar una. Le pedí disculpas a una, a la que estaba junto a ella y a otra más allá y fui armando un ramito de flores recursero para la casa.
Me sorprendió darme cuenta que para cada flor habían muchas hojas - demasiadas hojas. Sólo de cerca uno se da cuenta de la fragilidad de la flor que cuelga de un tallito delgadísimo acompañado de muchas hojas.
El brote de algo bonito está acompañado de mucho trabajo, de buenos cimientos, de un proceso que en algún momento, algún día, algún año o alguna vida da frutos o flores. ¿Adónde está la relación entre una flor y un paradigma?
En palabras simples, para mí, un paradigma es una idea construida y preconcebida de cómo deberían ser las cosas. Es un molde que quiere ser llenado. Es expectativa -muchas veces hererada, otras veces construida- que queremos convertir en realidad. No me opongo a los paradigmas, pero creo que las letritas que dicen ¿por qué? en la última página del manual (porque hay manuales para ser un buen profesional, un buen padre, un buen hijo, una buena pareja, un profesional exitoso... etc) nuestra sociedad las ha borrado.
Y dentro de tantos paradigmas, existe el famoso y muy de moda paradigma de romper paradigmas: lo dejas todo para irte al Tibet, renuncias a tu trabajo tirando la puerta al salir, sales del closet o decides mudarte a otro país repentinamente... pero esos cambios son sólo el primer paso para romper un paradigma. Si un paradigma crece adentro nuestro en el tiempo, con las conversaciones, con la cultura y la influencia de nuestro entorno no puede desaparecer tan rápido. Romperlo es un trabajo de arqueólogo, hormiga, ciego y sordo porque siempre regresa la duda a pisarnos los talones y cuestionar si realmente queríamos ir al Tibet, si la chamba era tan mala o si el lugar dónde estaba antes era tan malo.
Y comienza la destrucción del paradigma y la construcción de una identidad propia, única, irreplicable. Un producto del que sólo nosotros poseemos los derechos de autor. Que nadie más puede comprender del todo porque el barco se va armando mientras lo navegamos por olas grandes, chiquitas, lagos y charcos hasta llegar a la tina de nuestra cada en donde nos bañábamos cuando éramos niños. Los paradigmas nos envejecen. Madurar es regresar a nuestra esencia de niños.
Paradigma y dogma tienen sonidos parecidos. El paradigma está cargado de imágenes que hemos ido colgando en la pared de nuestro corazón y nuestra imaginación. Sacar esos cuadros a veces puede ser doloroso. Pero luego aparece la pared blanca y limpia.... y sonríes. Detrás de un paradigma que elegimos importar hay anhelos y deseos propios que no queremos dejar del todo. Por eso, rechazarlo por completo resulta también una opción fácil.
Aceptar al 100% es lo mismo que descartar al 100%. Ambas opciones son absolutas. Lo fascinante de los seres humanos es su individualidad, sus incoherencias, sus relativos, y todo aquello que los hace personas de carne y hueso reales y no encajonados como estatuas para ser colgados en alguna pared de retratos importantes. Realmente creo que los mejores retratistas del mundo son los niños. Ellos sí que reflejan lo que somos más allá de nuestros huesos, piel y pies.
Uno no rompe un paradigma... lo va dejando atrás. Y mientras más vivimos creyendo en un paradigma o en una imagen construida de quiénes debemos ser, más frágil es el nuevo camino que seguimos lejos de él. Como el tallo de esa flor que fácilmente se desprende si no se le trata con cuidado. Una verdad profunda que descubrimos en nosotros es algo que tenemos que proteger con muchas fuerzas de vientos y opiniones externas que hablan desde sus propios paradigmas. Muchas veces, la luz de una vela necesita que la tapemos con las manos.
Creo que ayuda comprender que lo que hacemos no es lo que nos define. Nosotros ya estamos definidos desde que pusimos un pie en el mundo como seres perfectos y llenos de potencial. Lo que hacemos o dejamos de hacer es tan sólo aprendizaje. Nuestros logros y nuestros errores son el mismo tipo de aprendizaje que no nos da ni nos quita valor agregado, porque no hay nada dentro nuestro que falte o que sobre. Todo está ahí y lo ha estado siempre. Llegamos a este mundo libres y estamos hechos para ser libres.
¿Y qué paso con la chabelita? Ya ni sé, pero de todas formas, le doy las gracias por haber aparecido en mi martes.
Thursday, April 26, 2012
Turismo necrológico interior
Una noticia en el Comercio de hoy me dejó pensando..
El estudio de un análisis de comportamiento colectivo es el mismo que el de uno mismo. Nunca he entendido por qué y en qué momento desarrollamos un gusto por el sufrimiento. Por recordarlo, por recrearlo en nuestra cabeza. ¿Por qué se hace uno adicto al drama? ¿Por qué el héroe siempre sufre? Aquí explican el turismo a lugares donde se recuerda el sufrimiento.
http://elcomercio.pe/turismo/1406931/noticia-turismo-necrologico-extrana-fascinacion-visitar-lugares-tragicos
Si uno presta atención a su día, puede ver que hacemos por lo menos un par de estos viajes internamente. ¿Para qué? Si resulta igual de fácil, treparse al avión de la imaginación y los recuerdos y volar a algo bonito? Tenemos que volver a entrenar al piloto y hacerlo conciente que vuela en dirección equivocada. Un giro de 180 grados por favor!
El estudio de un análisis de comportamiento colectivo es el mismo que el de uno mismo. Nunca he entendido por qué y en qué momento desarrollamos un gusto por el sufrimiento. Por recordarlo, por recrearlo en nuestra cabeza. ¿Por qué se hace uno adicto al drama? ¿Por qué el héroe siempre sufre? Aquí explican el turismo a lugares donde se recuerda el sufrimiento.
http://elcomercio.pe/turismo/1406931/noticia-turismo-necrologico-extrana-fascinacion-visitar-lugares-tragicos
Si uno presta atención a su día, puede ver que hacemos por lo menos un par de estos viajes internamente. ¿Para qué? Si resulta igual de fácil, treparse al avión de la imaginación y los recuerdos y volar a algo bonito? Tenemos que volver a entrenar al piloto y hacerlo conciente que vuela en dirección equivocada. Un giro de 180 grados por favor!
Tuesday, April 24, 2012
Alerta Amarilla
No puedo poner alerta roja porque la advertencia de la que me provocó escribir no es nada tan grave como una alerta de tsunami mental. Tampoco quiero caer en pesimismos. Sólo me descubrí sacando los pies de la realidad una, dos y ocho veces seguidas y decidí ponerlo en palabras para poner señal de alerta y frenar un poco esos pensamientos que nunca están conformes con el presente.
La mente tiende a pensar en negativo. Ve los peros, los errores, las fallas, la línea chueca, el vaso mitad vacío. Si la entrenamos podemos formar patrones de pensar en positivo, pero no creo que me equivoco si afirmo que si la dejamos a su libre albedrío, va a tender a mirar el punto negro dentro de un maravilloso cuadro de puntos de colores. ¿Por qué? Buena pregunta. Sólo sé que a algún científico loco le escuché decir que para cada 10 pensamientos que tenemos, 9 son negativos. Estadística alarmante. Pero ese 1 puede ser poderoso porque un equipo de fútbol sólo necesita un gol para ganar un partido.
Pero hoy quería escribir sobre esas olas de pensamientos positivos que también pueden resultar peligrosos.
Cuando algo bueno pasa, ¿por qué nos cuesta tanto estar satisfechos? ¿Por qué uno tiende a querer un poquito más? Si prestas atención, vas a darte cuenta que pocas veces nuestras ganas de que algo bueno pase quedan totalmente satisfechas. Pocas veces cerramos la oración con un gracias como punto final. Uno da gracias por la buena noticia, por el nuevo trabajo, por los nuevos amigos o por la sorpresa del día e inmediatamente, espera un poco más. El problema está cuando construímos castillos de cristal sobre las cosas buenas que nos suceden. Inmediatamente, la mente sale disparada y usa esa misma estrategia de crear realidades. Frente a realidades positivas, nos dejamos llevar, soñamos un rato, y otro más, y otro más, y los deseos se vuelven fantasías y las fantasías, realidades en nuestra cabeza que nunca llegarán a ser tal y como las imaginábamos. Y de repente, hemos escrito la crónica de una muerte anunciada. Lo imaginado se convierte en expectativa, la realidad deja de ser maravillosa y dejamos de dar las gracias por lo que tenemos aquí y ahora, con nosotros.
¿Por qué nos cuesta tanto estar presentes? ¿Por qué si queremos un cuadrado, y el universo nos lo regala, de repende queremos meterlo dentro de un triángulo? Leí por ahí que los deseos son como pedazos de paja sobre los ojos. A veces, incluso en esos días buenos en los que todo va bien, no hace mal hacer dos puñitos y sobarlos sobre los ojos para despertar, para ser y estar, sin ninguna otra palabra que le sigue a esos dos estados. Yo soy. Yo estoy. Esas dos oraciones ya están completas. La linguística se equivoca al creer que se necesita alguna otra palabra que complemente el ser y el estar. Yo soy. Yo estoy. Alerta con andar construyendo casas de cartas. Cualquier soplido las tumba.
La mente tiende a pensar en negativo. Ve los peros, los errores, las fallas, la línea chueca, el vaso mitad vacío. Si la entrenamos podemos formar patrones de pensar en positivo, pero no creo que me equivoco si afirmo que si la dejamos a su libre albedrío, va a tender a mirar el punto negro dentro de un maravilloso cuadro de puntos de colores. ¿Por qué? Buena pregunta. Sólo sé que a algún científico loco le escuché decir que para cada 10 pensamientos que tenemos, 9 son negativos. Estadística alarmante. Pero ese 1 puede ser poderoso porque un equipo de fútbol sólo necesita un gol para ganar un partido.
Pero hoy quería escribir sobre esas olas de pensamientos positivos que también pueden resultar peligrosos.
Cuando algo bueno pasa, ¿por qué nos cuesta tanto estar satisfechos? ¿Por qué uno tiende a querer un poquito más? Si prestas atención, vas a darte cuenta que pocas veces nuestras ganas de que algo bueno pase quedan totalmente satisfechas. Pocas veces cerramos la oración con un gracias como punto final. Uno da gracias por la buena noticia, por el nuevo trabajo, por los nuevos amigos o por la sorpresa del día e inmediatamente, espera un poco más. El problema está cuando construímos castillos de cristal sobre las cosas buenas que nos suceden. Inmediatamente, la mente sale disparada y usa esa misma estrategia de crear realidades. Frente a realidades positivas, nos dejamos llevar, soñamos un rato, y otro más, y otro más, y los deseos se vuelven fantasías y las fantasías, realidades en nuestra cabeza que nunca llegarán a ser tal y como las imaginábamos. Y de repente, hemos escrito la crónica de una muerte anunciada. Lo imaginado se convierte en expectativa, la realidad deja de ser maravillosa y dejamos de dar las gracias por lo que tenemos aquí y ahora, con nosotros.
¿Por qué nos cuesta tanto estar presentes? ¿Por qué si queremos un cuadrado, y el universo nos lo regala, de repende queremos meterlo dentro de un triángulo? Leí por ahí que los deseos son como pedazos de paja sobre los ojos. A veces, incluso en esos días buenos en los que todo va bien, no hace mal hacer dos puñitos y sobarlos sobre los ojos para despertar, para ser y estar, sin ninguna otra palabra que le sigue a esos dos estados. Yo soy. Yo estoy. Esas dos oraciones ya están completas. La linguística se equivoca al creer que se necesita alguna otra palabra que complemente el ser y el estar. Yo soy. Yo estoy. Alerta con andar construyendo casas de cartas. Cualquier soplido las tumba.
Subscribe to:
Posts (Atom)


